martes, julio 28, 2015



no harás historia

Aunque mi silencio haya sido un tanto estratégico, no lo ha sido del todo porque al respecto no he callado. Me refiero al revuelo que causó mi artículo sobre dos antologías de narrativa peruana, texto publicado en LPG. 
No hay día en que no se me acerque gente a mi stand de la FIL a hablarme de ese texto. Claro, no se me acercan para decirme que están totalmente de acuerdo conmigo, puesto que debí expresarme de otra manera, no ser tan salvaje como suelo ser; pero dejar de ser salvaje, pienso, es renunciar ser yo mismo. Si los textos que escribo no tienen mi esencia, estos no tienen ninguna razón de ser. Bueno, esa es la manera en que asumo la escritura, así sea en posts como este. 
A lo que iba. Se me acercan a hablarme de esas dos antologías. Una de ellas acaba de ser lanzada y los nombres que manejaba en su momento (que usé para mi artículo en cuestión) son los mismos que aparecen en el libro como tal, a excepción de Dante, que no figuraba en ninguna de las listas preliminares que me pasaron. 
Pese a que sus responsables sean un par de huevones que no merecen mi respeto, hay que reconocer que su antología es mucho más fuerte que la del supuesto decente Ricardo. A uno de ellos lo puedo llamar tranquilamente cabecero y al otro un cobarde que se aprovecha de la valentía virtual del Facebook, a quien espero cruzármelo en las calles limeñas para agarrarlo a patadas y así comience a portarse como hombre, pues este chato amorfo tendrá que aprender a las malas. 
Como todavía no puedo leer la antología del cabecero y del senderista de cantina, no diré nada al respecto. Con lo que veo en la selección, puedo decir que es mil veces mejor que la de Ricardo, y espero que también funcione en lo literario. 
En mi texto de la polémica, hice hincapié en que me sorprendía que un académico al que muchos calificaban de serio se haya prestado a la jugada de su editor, pero gracias a una respuesta que brinda en una entrevista, no solo sé que se prestó a una jugada, sino que él también es un lector limitado, justificando literariamente lo injustificable, dejándose llevar por los sentimientos menores, como si una presencia externa lo hubiese guiado. Obvio, son mis especulaciones, pero sustentadas en los comentarios de no pocos lectores que, al igual que yo, han leído su antología, que despide el tufillo del negociado, con un prólogo que se dinamita solo, buscando a la fuerza razones que eviten convocar a narradores que no son de su agrado personal, sin ver su valía literaria. 
Recuerdo las palabras del ex DT crema Comizzo: “Los cagones no hacen historia”. 
Por eso, tú, Richi, no la harás.

lunes, julio 27, 2015



domingo, julio 26, 2015

328

Contra lo que puedan creen mis amigas y patas, estoy madrugando desde hace un mes. Quizá el motivo obedezca a que me es más fácil empezar a ver una película a partir de las cinco de la mañana, sabiendo que el día se me presentará complicado, y que pese a esa complicación, me doy maña para leer y escribir en las horas muertas. Sin embargo, en las horas muertas no puedes ver una película. Me resisto a ser parte de esa tendencia de los que ven películas por partes. Por eso, he elegido las mañanas para ver películas y las noches las consagro íntegramente a la lectura y el rock. 
Después de la película de la mañana, me pongo a escribir. Siento pues la mente más despejada y llena de imágenes, obviamente, bajo la influencia de las películas vistas. Estás imágenes son una presencia mucho más fuerte de lo que pudiera pensar, hasta por momentos tengo la sensación de que tras las palabras escritas en la pantalla se encuentran las escenas vistas, las mismas que mi mente deforma, jugando con las situaciones y, claro, también con los personajes. 
En estos últimos días he estado viendo policiales, por decirlo de alguna manera, porque que no he estado a la busca del género, sino que esta seguidilla de policiales viene marcada por el interés no pensado, el azar y el placer de volver a ver algunos títulos que me gustaron o llamaron mi atención en los últimos años, cosa que sí debo subrayar porque son pocas las películas que valen la pena en estos últimos años. No me refiero a clásicos, ni a películas noventeras y ochenteras, sino a las exhibidas en un arco de no más de tres lustros. 
Aunque con algunos reparos, bien podría recomendar estas dos películas del 2007, de menos a más para ordenar el asunto: Waz de Tom Shankland y Anamorph de Henry Miller. En ellas tenemos a policías quebrados, en cierta medida retorcidos por actos cometidos en el pasado y que creyeron superar. Es decir, es el enfrentamiento contra su presente que no los aprueba a menos que no salden sus deudas con lo que se hizo, habiendo estado viviendo una mentira que les explota en la cara, eso es: la mentira que les explota en la cara.


327

Hasta que por fin pude dar fe de la cerveza artesanal de la que tanto me hablan. A lo mejor, a razón de esa cerveza artesanal es que vi a mucha gente alegre y contenta que se me acercaba a conversarme de cualquier huevada, siempre con una sonrisa y un tufo alcohólico de satisfacción. Todo indica que esa cerveza artesanal es la verdadera protagonista de esta FIL. 
No sé cuánta gente hubo, pero sí la suficiente para decir que este día las cosas estuvieron tan adrenalínicas como el sábado pasado, por momentos delirante, delirio que esperaba que pase y así pedirle a “Hombre sabio”, que fue a ayudarme, a que me reemplace mientras me iba por allí a buscar a la chica del café o en todo caso para despejar mi mente con un pucho o la breve lectura de alguna publicación de corte ligero, pero sin ser banal, tal y como lo vengo haciendo con la recomendable novela Qué fue de Sophie Wilder de Christopher R. Beha. Esta novela se me presenta como idónea en estos días de inevitable movimiento. De paso, también leo poesía, pienso en la reedición de Symbol de Santiváñez, en Las islas aladas de Hernández. En realidad, cuando estoy en ferias, lo que hago es leer mucha poesía, me desconecto de la realidad, hasta tengo la impresión de estar en una película de cine mudo. 
Pero no todo es desconexión, me doy cuenta de que mi tolerancia tiene un límite. Esa falta de tolerancia se debe a que no soy un vendedor. Me gustan los libros y recomendar lecturas y hacer dinero en base a ello, pero las ferias me someten a una prueba porque no todos son como los lectores que uno espera. A veces tienes que responder lo que no te gusta, pero cuando esas respuestas conforman una seguidilla, es posible detectar una costumbre malsana que tienes que erradicar. No soy un asesino en serie, pero para evitar esa realidad, me abro y empiezo a hacer las cosas que me sacan de la situación, como el hecho de irme a caminar por los parques de Jesús María, al menos durante una hora; simplemente caminar, encontrando en el camino la señal de la maravilla verde que alguien fuma en su casa, olor que se escapa de la ventana y que me subyuga, imaginando quién o quiénes la estarían fumando, barajando la posibilidad de tocar el timbre y preguntar si puedo ser parte de esa sesión, pero hacerlo sería desentenderme de las responsabilidades inmediatas. ¿Qué haría “Hombre sabio” sin mí? Tengo que regresar, no tengo otra salida, pero antes de irme, anoto las señas de la calle y de la casa de donde proviene el aroma de la maravilla verde.

sábado, julio 25, 2015



326

Los días en la FIL me son propicios para estar en contacto con muchos escritores a los que no veo con frecuencia. En realidad, mi vida literaria es casi nula. No voy a presentaciones, ni a ningún tipo de sarao salvo que participe en ellos. Y cuando lo hago, ni bien termina la actividad, prendo el cel y soy fuga hacia mi casa. 
Muchas de las opiniones que formulo y circulan, provienen directamente de este blog y me alegra que algunas personas las tengan en cuenta cuando, por ejemplo, se habla de la nueva narrativa peruana. En este sentido, me he visto como un involuntario protagonista de la misma, convertido en una suerte de prima malcriada que hace lo que quiere ante la opinión común. 
Ayer viernes el asunto no fue la excepción, fueron a buscarme muchos escritores, no todos residentes en Perú, que me preguntaban sobre algunas cosas que han leído en este blog. Por ejemplo, uno de ellos me dijo por qué estoy en contra de esa consigna sobre el buen momento de la narrativa peruana actual, a lo que respondo lo siguiente: no es que esté en contra de ese momento propicio, además, ese convencimiento lo tenía hasta la publicación de dos libros que bien pueden sustentar ese buen momento: Nuevos juguetes de la Guerra Fría, de la que ya entregué una reseña que ojalá no saque demasiada roncha, reseña que generará algo de bulla y de la que espero no motive que me denuncien, tal y como vengo escuchando por allí, de esa campaña de un par de babosos que me quieren ver tras las rejas a cuenta de un texto que no era una reseña de una antología que a la luz de los hechos es un arroz con mango. El otro libro: La distancia que nos separa de Renato Cisneros. Ambas publicaciones de Planeta, que ahora tiene un editor que lee (y mucho, porque me consta). 
Hoy en día sí podemos hablar de un buen momento. Los buenos momentos descansan en obras ambiciosas, que intenten retratar una época, aunque sea a una generación, que recojan los triunfos y fracasos de la misma. Los dos libros son un salvaje ejercicio de memoria, de memoria elevada a su máxima expresión, que encuentran sus logros y defectos en la ambición como tal. Eso es lo que siempre voy a buscar de los libros, la ambición sustentada en el acto de narrar. Los libros que narran son los que van a quedar, ese es el mandato, la sombra que nos dejan los imprescindibles títulos de nuestra tradición. 
Más de un amigo me pregunta a qué me refería cuando dije que con Austin, Texas 1979, de Francisco Ángeles, asistíamos a un antes y un después para la narrativa peruana contemporánea. Pensaba que la idea había quedado clara, pero que más de uno me pregunte por esa sentencia, me lleva a pensar que no fui del todo específico cuando la dije. Me explico: no se puede entender este buen momento sin la presencia de esta novela que genera muchos adeptos como detractores. La novela de Ángeles es la novela bisagra de la narrativa peruana del Siglo XXI, la que recogió un registro que más de un escriba tanteaba pero que no podía redondear. Su éxito abrió puertas a una manera de narrar desde el yo, fundó un camino que empezaron a seguir los que también escribían desde ese registro cimentado en la memoria. Si es o no un paradigma, eso solo lo dirá el tiempo. Si tiene hijos o no, es lo de menos. 
Lo que debe importar es que estas novelas vienen generando una discusión y hacia esa discusión debemos encaminarnos los interesados, que, felizmente, no son pocos. 
Por otra parte, no faltan los lectores malévolos que me preguntan por la onda metaliteraria que imperó en la década pasada. Al respecto me quedaba pensando, no porque no tuviera una respuesta, sino porque no encontraba las palabras que me permitieran ser justo con un registro que bien pudo aprovecharse y que no se aprovechó por la sencilla razón de que se quiso hacer metaliteratura sin conocer la voz, el sabor verbal, de los cuentarios y novelas medulares de nuestra tradición. Por esa razón fracasó el registro metaliterario, por desconocimiento del sabor verbal y por adoptar poses que coqueteaban con la ridiculez, que se hacía invencible gracias a la carencia vital que la nutría.


jueves, julio 23, 2015

325

Los días de feria son extenuantes, pero también tienen sus momentos gratificantes. 
Eran las seis de la tarde, el día seguía su curso y por un momento pensé que si dejaba solo el stand, no se dejaría de vender, porque nuestros lectores son fieles, aparte de tener muy buen gusto. 
Me disponía a salir a fumar cuando me topé con Manuel, a quien no veía en más de ocho años, si es que la memoria no me falla. Mientras hablaba con él, como quien se pone al día en generalidades, recibo la llamada de Antoanette, de quien no sé nada en varios años. No creo que haya sido una confluencia gratuita, imagino que había alguna razón, una suerte de enlazamiento cósmico que quería hacerme parte de sí. 
Cuando me disponía a irme a fumar, Luis, narrador y editor chileno, me pregunta si soy yo por quien pregunta. Le digo que sí y me entrega su libro, más la novela de Diego, Racimo, que sin duda la leeré en las próximas horas. Después me alcanzan varias publicaciones peruanas, como Marginalia, de Carlos. Si Marginalia es lo que pienso que es, haré del libro una reseña excluyente, y ojalá positiva, como supongo que tendría que ser. 
No ha sido un día de mucha gente, pero sí he sentido que ha tenido muy buena onda. A eso de las 8 y 30 me dirigí a la Sala Eielson, en la que, según Melissa, podía beber café. Así que fui tras ese potencial café. Al llegar no encontré café, sino una conversa sobre la literatura y el padre a cargo de Johann, José Carlos y Francisco. No escuché toda la conversa, pero sí puedo constatar que se dijeron cosas muy interesantes. Mientras escuchaba a Francisco, pensé en preguntarle en dónde se podía comprar esa cerveza artesanal de la tanto viene hablando. Más allá de las ideas encontradas que tenga con estos tres aún jóvenes narradores peruanos, puedo aseverar que lo poco que escuché me sirvió para tener una idea clara y fehaciente del momento que atraviesa nuestra narrativa, que bien puede ser maravillosa, regularona o mediocre, según los gustos. Pero algo que será difícil que extirpen de mi cabeza es que sí es posible detectar una discrepancia, la misma que no la vemos en las redes sociales, pero poco importa, ya que esa discrepancia la vemos en la vida real, que sí importa.


"bienvenidos a Incaland"

Si hay un autor español que sigo con frecuencia, ese es David Roas. Esta atención no yace en el hecho de que me guste toda la obra de Roas. Como todo autor prolífico, podemos encontrar distintos niveles de logros y como lector me quedo con el Roas ensayista. En el ensayo ha demostrado que es todo un capo, el hombre referente del discurso teórico sobre la narrativa fantástica contemporánea. Esto no quiere decir que el Roas narrador no me guste, por el contrario, me parece un narrador más que importante, pero, sin duda, es en el ensayo en donde Roas ha logrado proyectar y cimentar su prestigio. 
No es poca cosa. Roas es un narrador al que debemos tener en el radar. Hoy en día encontramos contados narradores y críticos literarios que destaquen en ambas parcelas. Es decir, no siempre accedemos a una poética rica en epifanías, que navegan en los registros de la ficción y el pensamiento literario como pez en el agua. 
Imaginemos a un músico de jazz en plena improvisación. Esa improvisación no es más que la mezcla de registros llevados al límite en la locura de la naturalidad, locura natural que solo el que sabe puede llegar a conseguir, y lo consigue a razón de que conoce a fondo las tradiciones de esos registros. 
Pues bien, esa mezcla de discursos la encontramos en el delicioso libro Bienvenidos a Incaland (Páginas de Espuma, 2014), que ahora va por una merecida segunda edición. No es para menos, me atrevería a decir que esta publicación encapsula las grandes dotes de Roas como escritor. Para empezar, no tengo la más mínima de qué cosa es este libro. ¿Memoria lisérgica? ¿Cuentos de humor? ¿Novela fragmentada? ¿Ensayo canábico sobre viajes? Lo que sí sé es que lo disfruté, porque todas estas inquietudes sobre su posible registro se fundieron en un solo río de impresiones que nos revelaba una poética honesta que no trasciende sus límites. Es precisamente en ese respeto a los límites en que vemos a Roas mezclando los discursos, convirtiéndolos en un solo cuerpo híbrido que tiene como objetivo proyectar su asombro ante una cultura y contexto ajenos al suyo. Roas se presenta tal cual y es en esa presentación en donde encontramos el respiro que guía sus pasos por las calles limeñas y cusqueñas: el humor. El humor corrosivo, sin ir muy lejos, que en este caso le permite al lector peruano conectarse con lo que relata el autor. No hay solemnidad en estas páginas, sino una mirada por momentos crítica pero ante todo risueña, que no se hace problemas con lo que tiene que señalar y que refuerza en verosimilitud lo que el autor nos relata de un país que bien puede ser una broma, una broma real a fin de cuentas. 

… 

Publicado en LPG.